






Ya, ya sé que estudios de gramática castellana los hay a montones. Pero estoy harto de encontrar errores (que a veces pueden no ser tales)y que me gustaría ver reflejados aquí. La Tv, la prensa... el lenguaje coloquial utiliza demasiadas acepciones que, ni por asomo, son válidas. Quizás algún día lo sean pero, mientras tanto, no cejaré de dar la vara sobre ellas. Hago mío el lema "Vista, suerte y al toro".







el 7 en la cultura hebraica para que sean tan repetitivos?) provocó que David, el pastorcillo, lo noquease de una pedrada de honda para, acto seguido, entregarse a la noble tarea de separar su cabeza del cuerpo que la sostenía.

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Esta nota de prensa la he encontrado, por azar, entre el desbarajuste de anotaciones, recortes, páginas y editoriales que duermen el sueño de los justos entre el polvo porque "siempre hay algo más importante que hacer".
Bueno, pues hoy era lo más importante poner orden en ese batiburrillo de celulosa y me he topado con ella.
El desafío, si es que procediera, sería el de encontrar una falta ortográfica entre esas veintidós líneas... pero salta a la vista.
Por esa razón me pregunto: Si salta a la vista, ¿cómo es que no le ha saltado lo mismo al corrector de galeradas del diario antes de mandarlo a la prensa, casi, casi, hasta el punto de dejarlo tuerto?
Supongo que debe ser la LOGSE, las prisas o el analfabetismo funcional... pero ahí está.
Y además, posiblemente, archivada para la memoria durante años en la hemeroteca del diario en cuestión.
¡País...!
Nunca me sorprende encontrar errores en publicaciones destinadas al “consumo general”.
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Mira tú por dónde, que a veces sueño con que abro un periódico y no encuentro ningún error.
En mi época escolar (la época dorada que le llaman) cuando empezaba a leer, uno de los complementos “educativos” que ayudaban al aprendizaje en casa, era el tebeo. Aunque parezca ficción, mi recuerdo de cuándo empecé a leer (entiéndase como “comprensión lógica de lo escrito”) es la de un tebeo de “El cosaco verde”, del cual recuerdo incluso la página y la viñeta. Loco de alegría, con esa alegría inconsciente de la que rebosan los niños, grité…. Lo cual me valió un castigo. Condicionamiento negativo, que no llegó a afectarme en mi afición futura. Años después recuperé esa colección, busqué la página, la viñeta… ¡y ahí estaba! 40 años después me reencontré con mi pasado, plasmado en las figuritas de un cuento – que así era como los llamábamos entonces -. Un día la pondré aquí, o en otro de mis blog como si de Marcel Proust se tratase, con su madalena, pero más plebeya.
Cuentos, los había de todo tipo y para todos los gustos.
Dejando aparte su incuestionable carga ideológica (al fin y al cabo era una de las formas de que el Régimen llegara a los niños, costumbre que no se ha perdido ni siquiera ahora aunque disfrazada con otros valores) a todos nos llamaba la atención su colorido externo, sus viñetas, las aventuras con las que te sentías más o menos identificado…
Quizás con la madurez, a esos cuadernillos impresos en mal papel, imprentas defectuosas y poco cuidados en su ortografía y sintaxis, he llegado a idealizarlos (no soy el único, “mal de muchos consuelo de tontos”) pero, repasando mis colecciones me encuentro de vez en cuando con casos como éste. A la vista está que los antediluvianos correctores ortográficos de entonces no estaban demasiado perfeccionados. Bueno, es que no existían.
Un ejemplo:
“DIAMANTE NEGRO”. Una serie de aventuras que se editó en 1949 por Ediciones Toray en una serie de 21 tebeos. Llegó a mí a principios de los 60 porque, entonces, las cosas no eran de usar y tirar. Y llegó con todas sus erratas, con sus defectos…
Invito al buen observador a encontrar en la página (en color no, que esa sólo fue la portada del nº 1 de la colección) al menos tres errores.
(Pd/ hace tiempo que no entro en este blog pero, como en los otros, poco a poco se va haciendo camino)



